Desde que Caín se volvió loco y se cargó a Abel, siempre ha habido
seres humanos que, por uno u otro motivo, enloquecen de manera temporal o
permanente y cometen actos de una violencia atroz. Por ejemplo, el
emperador romano Tiberio, que, en el siglo I d.C., gustaba de arrojar a
sus víctimas por un acantilado en la isla mediterránea de Capri. O
Gilles de Rais, un caballero francés y aliado de Juana de Arco, en la
Edad Media, que un día se volvió majareta y asesinó a cientos de niños.
Pocas décadas después, Vlad el Empalador, que sirvió de inspiración para
Drácula, se dedicaba a matar a la gente de infinitas y espantosas
maneras en Transilvania.
En la era moderna, casi cada nación ha contado con uno o dos
psicópatas asesinos de masas, independientemente de lo estrictas que
furan sus leyes de control de armas: el loco supremacista de Noruega de
cuya matanza se cumplió un año el domingo pasado, el carnicero del patio
del colegio en Dunblane, Escocia, el asesino de la École Polytechnique
en Montreal, el asesino de masas en Erfurt, Alemania... La lista parece
interminable.
Y ahora, el hombre que disparó en Aurora, Colorado, el pasado viernes. Siempre ha habido locos y siempre los habrá.
Pero hay una diferencia entre el resto del mundo y nosotros: ¡en Estados Unidos tenemos
dos Auroras cada día de cada año! Al menos 24 estadounidenses mueren c
ada día (entre 8.000 y 9.000 al año) por
armas de fuego, y eso sin contar las armas que se disparan por
accidente ni a los que se suicidan. Si se incluyen, la cifra se triplica
y supera los 25.000.
Eso significa que Estados Unidos es responsable de
más del 80% de las muertes por arma de fuego en los 23 países más ricos, todos sumados.
Si pensamos que los habitantes de esos países, como seres humanos, no
son peores ni mejores que nosotros, ¿por qué esa diferencia?
En Estados Unidos, tanto los conservadores como los progresistas
tienen ideas muy claras de cuál es "el porqué" de este problema. Y el
motivo de que ninguno de los dos grupos sea capaz de acercarse a una
verdadera solución es que los dos tienen algo de razón.
La derecha cree que los Padres Fundadores, por una especie de decreto
divino, les garantizaron el derecho absoluto a poseer todas las armas
que deseen. Y no dejan de recordarnos que un arma no puede dispararse
sola: "Las armas no matan a las personas, son las personas las que matan
a las personas".
Por supuesto, son conscientes de que lo que dicen sobre la Segunda
Enmienda es una muestra de falta de honestidad intelectual (si se me
permite la expresión), porque saben que los hombres que redactaron la
constitución solo querían garantizar que fuera posible convocar con
rapidez a granjeros y comerciantes para formar una milicia en el caso de
que los británicos decidieran regresar y causar más estragos.
Pero tienen algo de razón cuando dicen que "las armas no matan a las
personas". Yo solo cambiaría ligeramente el lema para que se ajuste más a
la verdad: "Las armas no matan a las personas, los estadounidenses
matan a las personas".
Porque los estadounidenses son los únicos ciudadanos del primer mundo
que hacen estas cosas a gran escala. Y luego recurren, sean de la
ideología que sean, a multitud de motivos para no tener que afrontar lo
que de verdad está detrás de todos esos asesinatos y ese caos.
Dicen que la culpa es de la violencia en el cine y los videojuegos. Que yo sepa, el cine y los videojuegos japoneses son
más violentos que los norteamericanos, y, sin embargo, en Japón mueren
menos de 20 personas al año por armas; ¡en 2006, murieron dos!
Otros aseguran que la causa es el elevado número de familias rotas.
Siento mucho decir que en Gran Bretaña hay casi tantos hogares
monoparentales como en Estados Unidos y, pese a ello, allí suele haber
menos de 40 muertes por arma de fuego al año.
La gente como yo dice que todo esto es consecuencia de que Estados
Unidos tiene una historia y una cultura de hombres armados, "indios y
vaqueros", "primero dispara y después pregunta". Y, aunque es cierto que
el genocidio masivo de los indios americanos estableció un modelo
bastante nocivo sobre el que fundar un país, me atrevo a decir que no
somos los únicos con un pasado violento ni cierta propensión al
genocidio. ¿Qué me dicen de Alemania? Sí, Alemania, con su historia,
desde los hunos hasta los nazis, tan aficionados a una buena carnicería
(como los japoneses, y como los británicos, que gobernaron el mundo
durante cientos de años, y no lo hicieron a base de plantar margaritas).
Sin embargo, en Alemania, un país de 80 millones de habitantes, no se
producen más que unas 200 muertes por arma de fuego al año.
Es decir, esos países (y otros muchos) son iguales que nosotros,
salvo por el hecho de que en Estados Unidos la gente cree en Dios y va a
la iglesia más que en ninguna otra nación occidental.
Mis compatriotas más progresistas dicen que, si tuviéramos menos
armas de fuego, habría menos muertes por arma de fuego. Y
matemáticamente, tienen razón. Si el agua tiene menos arsénico, matará a
menos personas. Cualquier cosa mala --calorías, tabaco, reality-shows
en televisión--, en menor cantidad, matará menos. Si tuviéramos unas
leyes más estrictas, que prohibieran las armas automáticas y
semiautomáticas, así como la venta de cargadores de gran tamaño, con
capacidad para tropecientas balas, es evidente que personas como el
hombre de Aurora no podrían disparar contra tantas personas en solo unos
minutos.
Pero este argumento tampoco es tan sencillo. En Canadá existen
muchísimas armas (en su mayoría, escopetas de caza) y, sin embargo, la
cifra anual de muertes por arma de fuego es de unas 200. En realidad,
debido a su proximidad, la cultura de Canadá es muy similar a la de
Estados Unidos: los niños juegan a los mismos videojuegos violentos, ven
las mismas películas y series de televisión y, pese a ello, no crecen
con el deseo de matarse unos a otros. Suiza posee el tercer mayor número
de armas de fuego per cápita del mundo, y una tasa de asesinatos muy
baja.
¿Por qué nosotros, entonces?
Hace una década planteé esta pregunta en
mi película Bowling for Columbine,
y esta semana he tenido poco que decir porque tengo la sensación de que
ya lo dije hace 10 años, y no parece que sirviera de mucho, aparte de
que ahora da la impresión de que tenía una bola de cristal en forma de
película.
Esto es lo que dije entonces y es lo que vuelvo a decir hoy:
1.
Los estadounidenses somos increíblemente buenos a la hora de matar.
Creemos que matar es una forma de conseguir nuestros objetivos. Tres
cuartas partes de nuestros estados ejecutan criminales, pese a que los
estados con menores tasas de asesinatos suelen ser los que no tienen
pena de muerte.
Matar, para nosotros, no es solo algo histórico (la matanza de indios
y esclavos, además de la guerra "civil" en la que el norte y el sur se
mataron entre sí). Es nuestra forma actual de resolver todo lo que nos
inspira miedo. Es la invasión como política exterior. Irak y Afganistán
son recientes, sin duda, pero los estadounidenses somos invasores desde
que "conquistamos el salvaje oeste", y estamos tan enganchados que ya no
sabemos ni dónde invadir (Bin Laden no estaba escondido en Afganistán,
estaba en Pakistán) ni por qué (Sadam Huséin no tenía ningún arma de
destrucción masiva ni nada que ver con el 11-S). Enviamos a nuestras
clases bajas a matar, y los demás, los que no tenemos a ningún ser
querido allí, no dedicamos ni un instante a pensar en todas esas
muertes. Y ahora podemos enviar aviones no tripulados que se encargan de
matar controlados por hombres anónimos que están en un lujoso estudio
con aire acondicionado a las afueras de Las Vegas. Es una auténtica
locura.
2. Somos un pueblo que se asusta con facilidad y al que es fácil
manipular a través del miedo. ¿Qué es lo que nos da tanto miedo que
necesitamos tener
300 millones
de armas en nuestras casas? ¿Quién creemos que va a hacernos daño? ¿Por
qué la mayoría de esas armas está en hogares blancos de zonas rurales y
residenciales? Quizá deberíamos arreglar el problema racial y el
problema de la pobreza (también en esto somos el primer país del mundo
industrializado) y de esa forma tal vez habría menos gente frustrada,
asustada, indignada que se apresura a sacar el arma del cajón. Quizá
cuidaríamos mejor unos de otros (
he aquí un buen ejemplo de lo que quiero decir).
Estas son mis reflexiones sobre Aurora y sobre este violento país del que soy ciudadano. Como he dicho,
ya lo conté todo aquí,
si quieren verlo o compartirlo gratuitamente con otros. Lo único que
nos falta, amigos míos, es valor y decisión. Yo estoy dispuesto si lo
están ustedes.
Michael Moore